En las filosofías orientales antiguas como el Taoísmo y el Tantra, el sexo era considerado algo sagrado, a diferencia de nuestra cultura occidental, en donde por varias influencias (sobre todo religiosas) hemos aprendido que el sexo es pecado.Vamos a suponer, querido lector, que usted cree en un ser supremo llamado Dios, Jesús, Alá, o Todo Poderoso. O como usted quiera llamarlo. Para simplificar vamos a llamarlo en este artículo… Dios. De acuerdo?
Bien, si Dios creó al hombre y a la mujer y todas las cosas del Universo, yo me pregunto: ¿Porque Dios decidió que la única manera natural de realizar el milagro más grandioso y maravilloso que pueda existir, que es crear una nueva vida, sea por medio de el sexo? ¿Por qué Dios hizo el sexo tan placentero si iba a ser pecado?
Un día le hice esta pregunta a un sacerdote católico y me respondió: “Lo hizo placentero para darnos la tentación a vencer y poder hacernos más fuertes.” Pero esa respuesta se me figura como ponerle enfrente a mi hijo los dulces más ricos y deliciosos y decirle: “pero no te atrevas a tocarlos, por que son pura tentación nada más”. ¡Que crueldad!
Ese mismo amigo sacerdote me dijo que en la religión Católica, el sexo es permitido solamente dentro del matrimonio y con el fin de la procreación y únicamente en la posición tradicional del “misionero” (el hombre encima). Buscar el placer sexual solo por puro placer, es pecado. De hecho, San Jerónimo (342-420) consideraba como “veneno a todas las cosas que guarden dentro de sí la semilla del placer sexual”.
Si el sexo es pecado o es algo “malo”, ¿por qué Dios creó un órgano única y exclusivamente para el placer?
¿Sabía usted que solamente hay un órgano en todo el cuerpo humano que no tiene ninguna función, que no sirve para nada más que para el placer? ¿Y que Dios tuvo el buen tino de otorgárselo solamente a la mujer? Me refiero al… perdón, permítame ponerme de pie y escribirlo en Mayúsculas: al CLÍTORIS.


en